Humanismo, poesía y misticismo

Miguel Jerez López. Actor, director and musicologist
15/02/2020

Si hay que elegir el libro de la biblia que haya sido más cuestionado, discutido e interpretado de entre todos los que la componen, las probabilidades de escoger El Cantar de los Cantares son muy altas. En muchos periodos diferentes, las discusiones en torno a su interpretación han promovido grandes debates para entender cómo un texto que es literalmente un libro de poesía amorosa profana, de tipo popular datado entre el siglo IV-III a. C. (1), de tal calado erótico, ha sobrevivido dentro de los libros canónicos de la Biblia.

La influencia que este texto ha tenido a lo largo de la historia de la literatura es muy vasta, pero también ha superado ampliamente las fronteras de lo textual para mezclarse con otras muchas artes, entre ellas la música. En los siglos XV y XVI, incluyendo a nuestro Tomás Luis de Victoria, muchos compositores lo utilizaron como fuente para sus composiciones. Para entender las conexiones entre este enigmático texto y Victoria, tenemos que comprender un poco más su desarrollo.

Béseme de besos de su boca; que buenos son tus amores más que el vino.

Cantar de los Cantares. Fray Luís de León.

El humanismo y la interpretación de la Biblia.

El humanismo tal y como lo conocemos hoy, es un término acuñado en el siglo XIX, al igual que el de renacimiento. En los siglos XV y XVI, un umanista era aquel que enseñaba los studiae humanitatis (2). Hoy entendemos ese momento cultural como una mirada ensimismada y curiosa hacia la Antigüedad clásica, evidentemente y por necesidad, a sus textos literarios y a todo lo que de ellos podía interpretarse, es decir: su gramática, retórica, poesía, historia, filosofía…

En el caso que nos ocupa, El Cantar de los Cantares, antes del proceso humanista, durante la Edad Media, fue generalmente interpretado como una alegoría y nunca en sentido literal. Los amantes eran una representación del amor de Dios por su pueblo elegido, y existían diferencias notables entre las interpretaciones cristianas y judías, para favorecer unos u otros paradigmas de su credo (3).

Durante el siglo XV y XVI, son estos humanistas los que tienen la tarea de interpretar y dar sentido al texto, y gracias a su renovado espíritu más científico y objetivo, se abandonan en cierta medida las prácticas especulativas de la Edad Media (4). Ese mismo espíritu que en Europa terminó configurándose en el erasmismo o el luteranismo, en España encontró cabida en grupos como los alumbrados y otros clérigos de espíritu reformista como Cipriano de la Huerga, Arias Montano o Fray Luís de León, ya que eran los círculos eclesiásticos los que habitaban las universidades, como la de Alcalá de Henares, a la que estuvieron ligados. De la Huerga, Montano y Fray Luis, hicieron interpretaciones de El Cantar de los Cantares, con una perspectiva bastante diferente a la de siglos anteriores.

 

Poesía: divinización de la poesía áurica o humanización de El Cantar (5).

En estas interpretación del texto empieza a cobrar peso su literalidad, sus imágenes y su erotismo, y empieza a leerse en clave de égloga pastoril, un género ligado a lo bucólico, de temática amorosa que estaba en auge desde dos siglos atrás con las primeras generaciones de humanistas italianos como Petrarca, y sus fuentes clásicas: Ovidio, Virgilio, Séneca… (6) Las temáticas del amor cortés estaban en todas las manifestaciones artísticas, evidentemente la poesía, la pintura, la escultura…, pero también en la música. La chanson francesa con Dufay a la cabeza, está llena de ejemplos de esos amores no correspondidos, bellezas ensalzadas, separaciones de amantes… y con el tiempo, aparece cada vez más el tema de la amada, la mujer, hablando sobre su amado (7).

En la península ibérica, son anteriores los ejemplos de poesía popular en voz de mujer con este tipo de temáticas similares a las de El Cantar de los Cantares, con las Cantigas de Amigo galaicoportuguesas ya en el siglo X (8). Por otro lado, desde 1543 se difunde la poesía de Garcilaso y Boscán, con temáticas redundantes en estos tópicos y con un considerable cultivo de la égloga (9). Los ejemplos de autores que los acompañaban e imitaban no son pocos en este periodo.

En los textos de los humanistas españoles del siglo XVI aparecen estas interpretaciones literales del texto bíblico como una égloga sacra que no es necesario interpretar como alegoría, sino que se ve como una opción directa para poder reflejar el amor puro de Dios por su pueblo de forma poética.

Cuenta Cipriano de la Huerga, en su In Cantica Canticorum Salomonis Explanatio publicado en 1582, “El tema de todo este libro es el amor divino de la esposa, es decir, de la Iglesia o de cualquier alma santa, a Dios” (10). Fray Luís de León recoge de este modo lo que para él debería significar El Cantar: “la canción suavísima que Salomón, profeta y rey, compuso, en la cual debajo de una égloga pastoril más que en ninguna otra escritura, se muestra Dios herido de nuestros amores con todas aquellas pasiones y sentimientos que este afecto suele y puede hacer en los corazones humanos más blandos y más tiernos […] aquí se ven pintados al vivo los amorosos fuegos de los demás amantes, los encendidos deseos, los perpetuos cuidados, las recias congojas que el ausencia y el temor en ellas causan, justamente, con celos y sospechas que entre ellos se mueven” (11). A Fray Luis, esta propuesta le costó un proceso inquisitorial (12), y es que no podemos negar la existencia de criterios ideológicos en la construcción de la doctrina del culto, lo que afecta de lleno a la interpretación de los textos sagrados (13).

De esta forma, El Cantar de los Cantares, sufre una transformación en su interpretación, humanizándose y acercándose a los intereses de la época: las pasiones de los seres humanos; pasando a ser una enorme influencia en la configuración del canon de la poesía áurica. A su vez, la poesía, las artes y la música, aunque profanas, con estas nuevas fuentes, quedan teñidas de cierta religiosidad no literal, pero sí por similitud con la convención extendida con El Cantar.

 

Misticismo: ardiendo por amor de Dios.

“Me dejó completamente en llamas, ardiendo con el gran amor de Dios”, dice Santa Teresa, junto con San Juan de la Cruz, la mayor representante de la mística española del XVI (14).

Santa Teresa, como otros muchos autores (artistas) de la época, se vio influida por esta revisión de El Cantar de los Cantares para desarrollar su trabajo y sus textos, proponiendo un nuevo papel de Dios en el mundo y una relación diferente con los seres humanos. La poesía mística de Santa Teresa y San Juan de la Cruz tienen mucho que ver con esa forma revisada de hablar de Dios y de cómo relacionarse con Él. La expresión del éxtasis y la unión con Dios empieza a leerse en clave evidentemente corporal e incluso sexual, y encuentra su espacio en esta nueva interpretación del mundo en el que la individualidad, el yo, y las pasiones humanas son protagonistas indiscutibles de la vida artística.

Otros artistas de otras disciplinas se hicieron eco de estas resonancias místicas, arrebatadoras y carnales. El éxtasis de Santa Teresa, de Gian Lorenzo Bernini es un ejemplo directo de esta conexión con la Santa y con el mundo de los afectos que impuso un nuevo canon estético también en la escultura. Las relaciones entre la mística y la pintura de autores como el Greco también han sido ya muy comentadas por lo evidente (15).

 

El éxtasis en la polifonía del siglo XVI.

“Un número excesivo de las canciones de los poetas está basado en el tema de los amores ajenos al buen nombre y la profesión de los cristianos […] Me avergüenzo y aflijo por haber figurado entre ellos […] He escogido los Cánticos de Salomón que recogen el amor divino de Cristo y su esposa, el alma” (16), declaró Palestrina. Los Cánticos de Salomón hacen referencia a El Cantar de los Cantares evidentemente.

Del abulense Victoria es conocido su dedicatoria del Libro de Misas de 1583, a Felipe II, en la que declara que: “deben de ser castigados con más dureza los que a un arte de lo más honesto, pensado para aliviar las preocupaciones y para serenar el espíritu con un deleite casi necesario, lo trastornan para cantar amores indecentes y otras cosas indignas” (17).

Ambos compositores fueron considerados perfectos ejemplos de cómo aplicar las directrices tridentinas, lo que en ningún caso quiere decir que renunciasen al gusto de la época y a buscar límites expresivos acordes a su tiempo… Y es que ambos utilizaron recurrentemente, especialmente Victoria, textos de El Cantar de los Cantares para elaborar su propio éxtasis musical, y no bajo cualquier forma, sino a través del motete.

El motete desde la generación de Josquin des Prez había ocupado el primer puesto como forma ideal para la exhibición de virtuosismo técnico y de expresividad refinada (18). Era una forma renovada que no tenía una función clara dentro de la liturgia, sino que estaba abierto a las asociaciones y usos que se le pudiese encontrar. Incluso, sabemos que se extendió fuera del ámbito litúrgico como la composición de Cristóbal de Morales, Jubilate Deo omnes terra, creada para celebrar la Paz de Niza entre Carlos V, Francisco I y el Papa en 1538.

Tomás Luis de Victoria no renunció a cultivar motetes adaptando a funciones litúrgicas textos de El Cantar de los Cantares, probablemente, por lo sugerente de su poesía. No sólo el magisterio técnico de Quam pulchri sunt, Vidi speciosam, Nigra sum sed formosa o Vadam et circuibo, es incuestionable, también lo son su expresividad, y su capacidad de pintar las imágenes profanas del texto, resultando poderosamente atrayentes incluso dentro de un contexto completamente religioso.

Victoria y Palestrina no fueron casos aislados. El Cantar de los Cantares fue utilizado por Francisco Guerrero en Surge propera amica mea o Trahe me post te, Virgo María; Rodrigo de Ceballos lo empleó en Hortus Conclusus; el también abulense Sebastián de Vivanco en Veni dilecte mi; y por supuesto fuera de nuestras fronteras Jacobus Clemens non Papa con Ego flos campi; Nicolas Gombert en Quam pulchra est; Orlando di Lasso en Veni dilecte mi; o Juan L´Heritier con Nigra sum sed Formosa, entre otros.

La atracción que El Cantar de los Cantares ha causado y sigue causando ha atravesado todo tipo de fronteras, géneros, prohibiciones e inquisiciones a lo largo de los siglos, y es que ¿hay algo más poderoso que el amor?

Panal que destila tus labios, Esposa; miel y leche está en tu lengua, y el olor de tus arreos, como el olor del incienso.

 


1. Elisa Martín Ortega, El Cantar de los Cantares. Símbolos y motivos de la lírica amorosa popular (Madrid: PPC, 2013), 19.

2. Allan W. Atlas, La música en el Renacimiento (Madrid: Akal, 2009): 46.

3. Sergio Fernández López, El Cantar de los Cantares en el Humanismo español. La tradición judía (Huelva: Universidad de Huelva, 2009), 40.

4. Maria Antonia Virgili Blanquet, «Música y Liturgia. La actualidad del compositor Tomás Luis de Victoria (ca 1548-1611)» Cuadernos del Tomás 3, (2011)

5. Fernández López, El Cantar de los Cantares en el Humanismo español, 48.

6. Atlas, La música en el Renacimiento, 46.

7. Ibíd., 81.

8. Martín Ortega, El Cantar de los Cantares, 35.

9. Valentín Núñez Rivera, Poesía y Biblia en el Siglo de Oro. Estudios sobre los “Salmos” y “El cantar de los cantares” (Madrid: Iberoamericana, 2010), 21.

10. Ibíd., 205.

11. Ibíd., 31.

12. Ibíd., 234.

13. Ibíd., 20.

14. Atlas, La música en el Renacimiento, 646.

15. Francisco Javier Caballero Bernabé, «La pintura del Greco y la pintura ascético – mística del siglo XVI» (Tesis doctoral Universidad Complutense de Madrid, 1991)

16. Atlas, La música en el Renacimiento, 664.

17. «Dedicatoria en Thomae Ludovici a Victoria Abulensis. Missarum libri», Centro de Estudios Tomás Luis de Victoria (página web), http://www.tomasluisvictoria.es/node/1636

18. Atlas, La música en el Renacimiento, 310.